Estábamos hartos de la casa. Las desventajas son mayores que las ventajas: entran a robar más fácilmente, tienes más gastos derivados de la piscina, el jardín, etc. que además te dan más trabajo y ni siquiera los disfrutas. Pedimos el traslado a un apartamento, debería de ser con las misma inmobiliaria para no tener que comprarnos los muebles, para lo que nos queda en el convento... (me meo dentro, jeje). Hicimos la petición y nuestras únicas demandas fueron, que no estuviese al lado de la plaza del mercado y que fuera un segundo mínimo. Un día llegó la resolución de la comisión que otorga las viviendas, ¿y adivináis? pues un primero en la mismica plaza del mercado. Intentamos ponernos en contacto 1000 veces con los de la inmobiliaria, el Monsieur Madelaine (Señor Madalena) o el Monsieur Boulanger (Señor Panadero) (que parece que tiene que ser uno del gremio pastelero para trabajar en esa inmobiliaria),pero nunca estaban, así que lo dejamos correr. Un día se puso Jacqy en contacto conmigo para que decidiéramos si queríamos el apartamento o no. Fuimos a hablar con la señora que se encarga de esto en la base, Madame Flammag (o madame Flemón como la llamamos por aquí). Nos dijo que el de la inmobiliaria había intentado contactarnos pero que no lo lograba y que ya podíamos haber llamado nosotros para decir algo. No quisimos polemizar sobre el tema, pero le dejamos bien claro que el problema había sido el señor Madaleine que era ilocalizable. Total que rellenamos unos papeles renunciando al apartamento y pusimos una nota para que nos avisaran sólo en el caso de que los apartamentos que nosotros queríamos quedaran libres. Posiblemente acabemos nuestros días en Guayana en la casa donde estamos ahora. Por cierto, ¿alguien quiere una piscina desmontable? 1.60 m de diámetro, todo en buen estado.
2006-02-13
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