Un día y sin esperarlo llegó Pedro, un colega de Javi y Olaya. P
edro es
un español que vive en Suiza, se conocen de su estancia por allí. Nos pareció un chaval muy majo desde el primer día, y luego la sospecha se confirmó. Por supuesto hizo todas las visitas obligadas en Guayana, incluso algunas junto con Olaya y Javi. Por esa fecha volvía a ser temporada de tortugas y como Olaya no las había visto nunca y a nosotros nos gusta ir todos los años, pues preparamos una salida para St. Laurent, a la búsqueda de tortugas. Nada más llegar a St. Laurent nos dirijimos a la Oficina de Turismo para preguntar los horarios del Campo de Transportación del día siguiente, para no perdérnoslo. Entró Felix y la chica fue estupidísima, como buena Guayanesa. ¿Cómo puede alguien ser tan estúpido y trabajar de cara al público? 
Pues aquí eso es de lo más normal. Total, que entró Felix, vio unos catálogos y preguntó por ellos. Lo primero que le dijeron es que también los tenían en inglés. A todo esto Felix contestó que le daba igual, que entendía el francés y el inglés. Preguntó los horarios y salió cabreadísimo. Al mediodía fuimos a comer al restaurante que vamos siempre, el que es un barca. La verdad es que el servicio, así como la comida, nos defraudaron bastante esta vez. Luego estuvimos haciendo tiempo en la piscina del hotel. Cuando llegó la hora de irnos a ver a las tortugas (por cierto aún de día) pusimos viento en popa. Nada más llegar vimos a una super tortuga que ya había salido del agua, increíble, con la luz del día es aún, si cabe, más impresionante. Estuvimos haciendo vídeos y fotos hasta el anochecer, pues salieron muchísimas, incluso una no tan grande de otra especie. Nos volvimos al hotel, eso sí, muertos de picotazos. Nos acostamos pronto y al día siguiente, después de desayunar volvimos al p
ueblo para poder visitar el campo de transportacion de st. Laurent, donde esperaban algunos presos su partida a las cárceles de las Islas, otros pasaban allí su vida entera. Entramos en el campo y allí no había nadie, nos habían dicho a las 11h. Entramos en una sala de exposición y allí vimos que unos turistas llevaban unas entradas. Les preguntamos dónde las habían comprado y nos dijeron que en la Oficina de Turismo. Ya nos lo podía haber dicho la tía borde. Volvimos a la Oficina y ésta nos dijo que ya no podíamos entrar porque ya había empezado. Le explicamos que no, que todavía no había nadie. Al final nos dijo que probáramos y que si hacíamos la visita volviéramos a pagar, una leche íbamos a volver. Al entrar en el campo había un guía con la pareja, le explicamos el caso y nos vendió allí mismo las entradas. Por cierto, el guía se lo curro muchísimo, la visita fue bastante instructiva y nos gustó mucho. Pero la que más alucinó fue OLaya, que dijo que era el mejor guía que había tenido en su vida. Estuvimos en la celda de Papillon, en las celdas de castigo, e incluso nos hicieron una demostración de como encadenaban a los presos que se portaban mal. Podían llegar a pasar 22h de cada 24h, una tortura. Vimos incluso el lugar donde se colocaba la guillotina cuando había ejecuciones. "Por la libertad y en el nombre de la República hacemos justicia contigo", más o menos eran las palabras que se les decía a los presos antes de ejecutarlos. Eso sí, antes de matarlos les hacían firmar un papel como que eran libres. Acabada la visita nos fuimos al pueblo a comer, compramos algunas cosas y Felix se olvidó unas cuantas en la calle tiradas, como cubiertos, platos, etc. Total, que llegamos a Zoo de San Jean y nos preparamos para comer. Nos encontramos que tuvimos que comer a lo gitano, con el maletero del coche como mesa y con los dedos como cubiertos. Tras la comida entramos en el Zoo para ver a nuestro colega el guía Speed. Esta vez nos desilusionó un poco, ya no era tan espectacular como antes. El mono al que normalmente hacía cabrear estaba ya muy viejo, incluso había perdido un ojo, y ya no hubo espectáculo. Por supuesto tocamos a todos los animales, pero con este que parece una rata gigante había que tener cuidado, pues el tío te echaba mano a lo que pillara y adiós muy buenas. Por supuesto también tocamos a una que otra serpiente. Ese fin de semana acabó, pero Pedró siguió por aquí más días. Fueron a hacer una excursión de esas de incursión en la selva en condiciones infrahumanas. Nosotros pasamos porque eso no nos llama para nada. Una de las cosas que más le gustó a Pedro fue la cantidad de Brasileñas que hay en las discotecas y lo fácil que es ligar por aquí. Estaba advertido sin embargo, que muchas veces estás ligando con prostitutas o con travestis sin saberlo y luego te llevas el chasco cuando te sacan la cuenta o el manubrio. A más de uno le ha pasado.
edro es
un español que vive en Suiza, se conocen de su estancia por allí. Nos pareció un chaval muy majo desde el primer día, y luego la sospecha se confirmó. Por supuesto hizo todas las visitas obligadas en Guayana, incluso algunas junto con Olaya y Javi. Por esa fecha volvía a ser temporada de tortugas y como Olaya no las había visto nunca y a nosotros nos gusta ir todos los años, pues preparamos una salida para St. Laurent, a la búsqueda de tortugas. Nada más llegar a St. Laurent nos dirijimos a la Oficina de Turismo para preguntar los horarios del Campo de Transportación del día siguiente, para no perdérnoslo. Entró Felix y la chica fue estupidísima, como buena Guayanesa. ¿Cómo puede alguien ser tan estúpido y trabajar de cara al público? 

ueblo para poder visitar el campo de transportacion de st. Laurent, donde esperaban algunos presos su partida a las cárceles de las Islas, otros pasaban allí su vida entera. Entramos en el campo y allí no había nadie, nos habían dicho a las 11h. Entramos en una sala de exposición y allí vimos que unos turistas llevaban unas entradas. Les preguntamos dónde las habían comprado y nos dijeron que en la Oficina de Turismo. Ya nos lo podía haber dicho la tía borde. Volvimos a la Oficina y ésta nos dijo que ya no podíamos entrar porque ya había empezado. Le explicamos que no, que todavía no había nadie. Al final nos dijo que probáramos y que si hacíamos la visita volviéramos a pagar, una leche íbamos a volver. Al entrar en el campo había un guía con la pareja, le explicamos el caso y nos vendió allí mismo las entradas. Por cierto, el guía se lo curro muchísimo, la visita fue bastante instructiva y nos gustó mucho. Pero la que más alucinó fue OLaya, que dijo que era el mejor guía que había tenido en su vida. Estuvimos en la celda de Papillon, en las celdas de castigo, e incluso nos hicieron una demostración de como encadenaban a los presos que se portaban mal. Podían llegar a pasar 22h de cada 24h, una tortura. Vimos incluso el lugar donde se colocaba la guillotina cuando había ejecuciones. "Por la libertad y en el nombre de la República hacemos justicia contigo", más o menos eran las palabras que se les decía a los presos antes de ejecutarlos. Eso sí, antes de matarlos les hacían firmar un papel como que eran libres. Acabada la visita nos fuimos al pueblo a comer, compramos algunas cosas y Felix se olvidó unas cuantas en la calle tiradas, como cubiertos, platos, etc. Total, que llegamos a Zoo de San Jean y nos preparamos para comer. Nos encontramos que tuvimos que comer a lo gitano, con el maletero del coche como mesa y con los dedos como cubiertos. Tras la comida entramos en el Zoo para ver a nuestro colega el guía Speed. Esta vez nos desilusionó un poco, ya no era tan espectacular como antes. El mono al que normalmente hacía cabrear estaba ya muy viejo, incluso había perdido un ojo, y ya no hubo espectáculo. Por supuesto tocamos a todos los animales, pero con este que parece una rata gigante había que tener cuidado, pues el tío te echaba mano a lo que pillara y adiós muy buenas. Por supuesto también tocamos a una que otra serpiente. Ese fin de semana acabó, pero Pedró siguió por aquí más días. Fueron a hacer una excursión de esas de incursión en la selva en condiciones infrahumanas. Nosotros pasamos porque eso no nos llama para nada. Una de las cosas que más le gustó a Pedro fue la cantidad de Brasileñas que hay en las discotecas y lo fácil que es ligar por aquí. Estaba advertido sin embargo, que muchas veces estás ligando con prostitutas o con travestis sin saberlo y luego te llevas el chasco cuando te sacan la cuenta o el manubrio. A más de uno le ha pasado.




