Una de las cosas que más me impresionaron al llegar es el calorazo que hace, sobre todo cuando vienes de España pasando por Francia (donde hacía un frío que te pelas) en pleno Diciembre. La diferencia de temperatura es increíble. Eran mis primeras Navidades fuera de casa, sin la familia y sobre todo con calor. Felix llegó unos días antes de Navidad para pasar las fiestas juntos.
El día de Sant Esteve mi madre me llamó emocionada porque estaba nevando, jaja y Yo en la playa tostándome al sol. Sólo tostandome claro, porque al contrario que en resto del Caribe, las playas de la Guayana no son cristalinas, el agua es marrón por los sedimentos que arrastran los ríos, y además hay pececitos que te dan mordisquitos en las piernas, asi que pasamos de bañarnos mucho. 
Estando Felix conmigo salió una casa para alquilar, nos decidimos demasiado rápido porque a la casa le faltan cosas esenciales como mármol en la cocina y armarios por toda la casa, además los vecinos (recomendados por ciertos compañeros a los que agradezco con toda el alma) tenían mucho que desear, y aún me quedaban 5 meses por aguantarlos, si lo llegamos a saber...
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