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Estábamos tan tranquilos en casa cuando Javi nos llamó y nos dijo que si nos apetecía ir de carbet al dia siguiente, aunque todavía no era seguro. Hacía mucho tiempo que no íbamos, así que dijimos enseguida que sí, aunque nos lo tenían que confirmar al día siguiente. El sábado nos volvieron a llamar y nos confirmaron la salida. No nos daba tiempo de prepararlo todo así que quedamos en que nos vendrían a buscar al embarcadero por la tarde. Cuando llegamos, como no,
nos calló la de Nöé, pero luego pronto amainó. Llegamos al carbet, esta vez al de Apave y me puse a estudiar con Olaya. Uno de los chavales que vino se había traído una diana electrónica que fue el entretenimiento del finde. Olaya y yo acabamos con agujetas en el brazo derecho que arrastramos durante una semana. Por la noche hicimos un aperitivo en el muelle con velas. Nos lo pasamos explicando historias curiosas del trabajo y de nuestra vida. Aquella noche nos acostamos pronto, las elecciones francesas estaban cerca y a todos les dio por hablar de política
en vez de jugar a algo divertido. Me aburrí y me fui a la hamaca a dormir y Felix y los demás tampoco tardaron mucho en unírseme. Al día siguiente nos levantamos bastante pronto y nos pegamos un buen baño en el río, para refrescarnos, asearnos y acabar de despertarnos. Luego desayunamos y pasamos el resto del día entre partidas a la diana y tertúlias. Antes de volver a casa pasamos por casa de Olivier y Christelle, para ayudarles con el motor y los bultos. Allí Christelle me enseyó su colección de joyitas artesanales, más monas ellas.
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