2006-10-15

En canoa

Por aquí no hay gran cosa que hacer, pero de vez en cuando nos enteramos de algo o alguien tiene una gran idea. Dani había conocido a Francisco, un español fisioterapeuta que trabajaba en Guayana desde hacía un tiempo. ¿Y a quién no conoce Dani? Total, que le habló de ir a hacer canoas y nos lo comentó. Nos costó decidirnos porque no somos muy dados al deporte de aventura, pero al final nos animamos y nos fuimos junto con Felix F. Llegamos prontito al lugar donde habíamos quedado y allí descubrimos con sorpresa que uno de los que vendrían con nosotros era un cliente, pero uno de los jefazos. Estábamos un poco sorprendidos y cohibidos, pero el tío es muy majo y campechano, no pega para nada con la imagen que da en el curro. Estuvo todo el tiempo con el pecho al descubierto y nos llevó en su coche. Pasamos el día muy bien. Los novatos escogimos canoas de 2 personas, excepto Dani que quiso probar con un kayak él solo. Era bastante chungo de llevarlo y cuando Felix F le pidió de cambiar no dudó en hacerlo. El pobre Felix daba más trompos sobre sí mismo que avanzar, así que pasábamos mucho rato esperándole. Yo iba con mi Felix y el pobre llevaba casi todo el peso de la canoa, yo bastante tenía con dirigir, que a veces nos chocábamos con las orillas. El pobre acabó con un dolor increíble de espalda y de brazos, pero nos reímos muchísimo. Todavía estábamos en temporada seca y no había mucha agua. Pasamos por muchos lugares que eran prácticamente un criadero de nenúfares y teníamos que remar haciendo una gran fuerza para pasar. Hubo momentos en los que nos tuvimos que salir de las barcas para arrastrar de ellas y poder continuar. Llegados a un punto tuvimos que dar media vuelta porque no podíamos seguir debido a la falta total de agua. De camino de vuelta nos paramos a comer en una especie de carbet. Debía de haber algún animal muerto por allí cerca porque hacía una peste a muerto increíble. Lo pasamos muy bien con lo que hablábamos, pero sobre todo nos reímos todos mucho cuando vimos la comida que había traído Francisco: un tetrabrik de judías pintas, frías, puajj. Para subir y bajar de las barcas tuvimos que meter los pies en lodo hasta casi la rodilla. Volvimos al lugar de partida pero a los veteranos les había sabido a poco, así que se fueron a dar otra vuelta mientras que nosotros esperábamos. Allí Felix A probó el kayak, dijo que iba muy suave pero que no era sencillo de controlar. Cuando volvíamos los veteranos nos dijeron que pensaban que sería más fácil, pero que con tan poca agua la cosa se había complicado quizás demasiado para alguien que no lo hubiera hecho nunca. Acabamos rendidos y llenos de barro hasta las cejas. De vuelta a Kourou me quedé como siempre dormida en el coche. El cliente se sorprendió de ello por lo que me dijo Felix, pero es que no puedo remediarlo.