skip to main |
skip to sidebar
Cumpleaños en Brasil
El cumpleaños de Alberto fue el 26 de noviembre, pero esperamos al fin de semana para celebrarlo. Para que fuera algo diferente y para que conociera otros lugares y culturas de estas tierras nos fuimos a celebrarlo a Oyapoque. Por el camino tuvimos que parar porque se metió un bicho enorme por la ventana del coche, por mi lado, como siempre, todos los bichos vienen a mí. Tuvimos que parar el coche y buscar al bicho para expulsarlo. Al contrario que otras veces, decidimos ir a un hotel en lugar de a un carbet. Reservamos por teléfono 4 habitaciones pues íbamos: Javi y Olaya, Josep y Alicia, Alberto, Felix y Yo. Nada más llegar nos dice el tío que no hacían reservas, ¿entonces porque habían cogido el teléfono? Bueno, cuando amenazamos con irnos a otro hotel nos ofreció 4 habitaciones; 3 dobles con cama simple (una con televisor) y una de matrimonio, todo a precio de la habitación más barata. Por supuesto todos estuvimos de acuerdo en dejarle la d
e matrimonio a Alberto, por si pillaba cacho. Al visitar las habitaciones nos dimos cuenta que teníamos que haber ido al carbet. La instalación del aire acondicionado era prehistórica, de mesita teníamos una nevera, pero lo que daba más miedo eran los cables que colgaban de la ducha que se suponían eran para el agua caliente. Queríamos ir al "Saut Maripa" (800 de bajada en 2 o 3 Kilómetros) y le pedimos al que nos cruzó en la barca que nos llevara por la tarde. Vino a buscarnos a la hora y a mitad de camino el motor de la barca se paró y quedamos a la deriva. La corriente nos acabó llevando a un poblado y allí el tío pidió herramientas. Josep intentó ayudar pero no funcionó. No sabíamos si volver, por si se hacía de noche, pero llegó un tío con un barca y nos remolcó hasta el camino que lleva al SAUT. Andamos durante unos 20 minutos y llegamos al SAUT, allí l
os que llevaban bañador se pudieron bañar. Algunos se divirtieron a hacer fotos raras, ¡fijaos en los labios que tengo en la foto, dan miedo! Dicen que no es un montaje pero yo no recuerdo haber desayunado sangre. Cuando volvimos a coger la barca nos dijo el tío que nada más marcharnos el motor había arrancado enseguida. Por la tarde nos dimos una vuelta por el pueblo como siempre y acabamos en el bar de siempre. Allí una "moza" se interesó por Alberto. Estaba en la mesa de al lado y cuando se dio cuenta que era el único que no estaba emparejado no le quitó ojo de encima. Lo malo es que la colega además de ser una "profesional" llevaba un pedo que no se aguantaba en la silla. Bebía una litrona después de otra, e incluso se atrevió a salir a cantar y bailar (había un músico ambulante animando el bar) cuando apareció otro grupo de "mozas" que también se interesaron por Alberto. Pero era tal el pedo que llevaba que acabó potando allí mismo, un espectáculo dantesco, por suerte yo no mirab
a en ese momento. Eso sí, todavía nos reímos de la escena. En el rato que estuvimos allí vimos asfaltar varias carreteras, estos brasileños son máquinas de trabajar. Estando allí felicitaron a un tío porque era su cumpleaños y empezamos a gritar que también era el cumple de Alberto. De repente se presenta la camarera del bar con una litrona, regalo del otro que cumplía años, luego se presentó el tío con una tapa de queso. Alberto cuando nos marchamos le devolvió la invitación. Luego nos fuimos al "Hotel" a ducharnos y ponernos guapos para la fiesta de la noche, nos habían recomendado una nueva discoteca que habían abierto. Por la noche buscamos un lugar para cenar y nos metimos en un garito de donde nos llamaban. Nos pedimos la bebida, pero además de que el olor no era muy bueno, cuando vimos el aspecto de la comida del self-service nos levantamos y nos fuimos. Acabamos cenando en un restaurante por donde habíamos pasado una vez. Parecía caro, pero el camarero nos dijo que los platos eran para 2 personas. Me pedí un bistec a la parmesana, rico, rico. Allí ya empecé a notarme bastante mareada, sólo llevaba 2 caipirinhas... De camino a la discoteca pasamos por una especie de feria y los chicos se pusieron a disparar con la escopeta, el premio eran chocolatinas y Felix y no sé quien más ganaron una. Felix me pasó la escopeta para que yo probara, no sé ni cómo pude apuntar pero el caso es que el del puesto me dio 9 chocolatinas. No sé si le dí a algo o me las dio por caridad. Las chocolatinas me daban un poco de asco y las fui regalando por la calle. Fuimos a los puestos del campo de fútbol a tomar algo. Nos pedimos otra caipirinha, la tercera, pero no pude acabarla. Apareció por allí Christophe, uno del curro, con una brocheta de queso. Me dio un trozo pero se me cayó, me dio un segundo trozo y también lo tiré, total que le dejé con la mitad de la brocheta y encima no la probé. Fuimos a la discoteca, ya con un importante problema de equilibrio. Allí en la discoteca no lo pasamos muy bien, estaba todo cerrado y hacía mucha calor. No había mucha gente y además la música no era muy buena. Me dio un sueño tremendo y acabé en un sofá durmiendo en el hombro de Felix, pobrecito. Nos recogimos pronto dado el poco éxito de la salida. Al día siguiente no se levantaba ni Dios. Felix y yo nos quedamos a desayunar en el hotel, ¡que guarrada! y luego fuimos a dar una vuelta, mientras que los demás se levantaban. Nos encontramos a la vuelta con Alberto y luego a Josep y Alicia. Les acompañamos fuera a desayunar. A las mil aparecieron las marmotas: Javi y Olaya, duermen infinito. Dando una vuelta por el pueblo nos encontramos un espectáculo increíble. Por allí había una iglesia y estaban haciendo misa, pero en un momento dado todo el mundo salió y se dirigieron al río. Allí uno a uno fueron introduciéndose en el río y el sacerdote tras decir unas palabras los bautizaba hundiéndolos en el agua, en plan Juan Bautista. Todo esto con los cánticos de fondo de los feligreses que esperaban su turno. Y vuelta a Kourou un poco más tarde.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario