2005-04-03

Ladrones, hijos de p...

Nos han entrado a robar. La probabilidad de que en 3 años en Guayana te entren a robar en casa es muy alta. Cierto es que si tienes casa en lugar de apartamento las probabilidades aumentan muchísimo. Esa noche nos invitó Julien a cenar a su casa. Estuvimos comiendo unas pizzas y jugando hasta las 3 de la mañana. Nos volvimos a casa porque a Ruth le dolía la cabeza. Al llegar vimos que la luz de una habitación estaba encendida (malo, porque sólo dejamos la luz del comedor). Lo primero que pensamos era que nos la habíamos dejado encendida. Pero al intentar abrir la puerta de casa escuchamos que alguien andaba alrededor de la casa. Vimos una linterna así que nos imaginamos lo peor. Apareció un agente de la compañía de alarmas, cuando lo vimos se nos cayeron los huev... al suelo. Nos dijo que nos habían entrado a robar por la verja del jardín. Dimos la vuelta a la casa y vimos que la verja estaba abierta aunque increíblemente la cerradura estaba cerrada e intacta. Lo primero que vimos fue que faltaban las bicicletas y luego que la maneta de la cristalera que da acceso al comedor estaba petada. Entramos en el comedor y nos lo encontramos todo patas arriba. Enseguida vimos que faltaba la PS2, tan listos son que se la llevaron sin cables y amablemente nos dejaron la tarjeta de memoria (para que no perdiéramos la partida, que majos). Luego revisamos los cajones que estaban abiertos y vimos que había desaparecido la cámara de fotos digital y lo peor de todo, el bolso de Ruth con toda su documentación, la PALM y las llaves de casa. Ruth fue a revisar la habitación y comprobó que se habían llevado todas sus joyas y un estuche de maquillaje metálico. Por suerte habían dejado el ordenador, pero revisando en los cajones nos dimos cuenta de que se habían llevado la llave USB y por supuesto una navaja de madera típica guayanesa. Por supuesto llamamos corriendo a España para cancelar la tarjeta de crédito. Como se habían llevado las llaves y la verja estaba rota, no podíamos acostarnos tranquilamente. Así que Felix pasó el resto de la noche haciendo guardia con un machete. Ruth mientras tanto intentaba dormir un poco para que se le pasara el dolor de cabeza. Al dia siguiente llamamos a Dani para que cuidara la casa mientras que íbamos a la Gendarmería a poner la denuncia. Vinieron a tomar huellas pero nos dijeron que no eran útiles para encontrar a los ladrones. Durante el día vinieron los amigos a comer a casa junto con Ivan, el recién llegado. Esa noche montamos la cerradura de la verja que cerraba perfectamente y atrancamos la puerta de la calle con un mueble muy pesado. El lunes llamamos a la inmobiliaria para que viniera a cambiar todas las cerraduras de la casa y arreglara una ventana que se habían cargado. Entonces empezó lo peor, recopilar facturas para intentar recuperar por lo menos el dinero equivalente a lo que nos habían robado, aunque había cosas cuyo valor material era mucho menor que el sentimental. Después de poner la denuncia fuimos descubriendo que faltaban pequeñas cosas, algunas de valor (como una calculadora científica HP 48GX) y otras de ninguno (una caca de bata que tenía Ruth para ponerse encima del pijama que le costó 12Euros). Como os podeis imaginar a partir de ahora las fotos que pongamos serán fruto de la caridad de nuestros compañeros.

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