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Rosas en el aire
Y llegó Sant Jordi. Esta vez Felix no pudo hacerme llegar una rosita como hizo cuando estuvo en California, pero no me quedaría sin ella. Como ya dije antes, aquí los amigos son tu segunda familia, y como si fuera un hermano, Oscar nos cuidaba muy bien a todas las chicas. El día de Sant Jordi, (supongo que para que no me sintiera sola por la falta de
Felix), me llevó a dar un paso en avioneta (es lo que tiene tener un amigo piloto). El viaje no duró mucho (sólo 15 minutos) porque una tormenta increíble se nos acercaba, y gracias a Dios por ello, porque me estaba empezando a marear muchísimo. Aterrizamos con una maniobra magistral de mi "hermanito" y corriendo fuimos a buscar el coche. Bueno fue él y me vino a buscar para que no me mojara, todo un caballero. De vuelta a casa pasamos por la floristería. Como él y su mujer Eva son catalanes pensé que iba a comprarle la rosa de Sant Jordi, pero la gran sorpresa y alegría fué cuando además compró otra para María y otra para mí, un detalle que nunca olvidaré.
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